Irmina – Amor y odio en la Alemania de Hitler

Alemania naziIrmina es un pequeño tesoro. Un cómic imprescindible para cualquier apasionado a los cómics de historia; y sobre todo, una lectura obligatoria para todo amante de la literatura del periodo nazi. La pregunta clave que resume esta obra ha sido abordada numerosas veces en la literatura y el cine. ¿Qué llevó a los alemanes a mirar para otro lado ante el holocausto nazi? ¿No eran conscientes de lo que ocurría, o prefirieron no saber? ¿Cómo pudo tolerar una sociedad tan avanzada como la alemana lo que ocurrió con sus dirigentes?

El relato de Irmina llega a ser perturbador, e invita a la reflexión. Aborda un tema, que pese a no ser novedoso, no existe consenso entre los historiadores. El nacionalsocialismo llegó con la promesa de una sociedad mejor, y encontró rápidamente en los judíos el blanco perfecto; el chivo expiatorio necesario para llevar a cabo sus planes. Pero no toda la sociedad alemana abrazó el nazismo. También hubo muchos alemanes que cuestionaban el régimen, pero que simplemente se dejaron llevar por la inercia de la masa.

IrminaIrmina es la historia de una joven alemana de diecinueve años que en el seno de la Alemania de los años 30, pone rumbo a Inglaterra.  Llega a Londres con la idea de estudiar mecanografía, encontrar trabajo y conseguir independencia económica. No emprende el viaje por motivos ideológicos ni políticos. No huye del auge del fascismo que está mutando su país. Lo hace porque el fin de la guerra y la depresión de los año 30 ha dejado a Alemania emprobrecida, y las oportunidades laborales escasean. Además, en Alemania la universidad y los estudios superiores no son “cosa para mujeres”. El destino de las mujeres está más ligado a su instinto materno. Está convencida por tanto, que lejos de su familia podrá encontrar el estímulo necesario para lograr su independencia personal. Irmina se convierte por tanto en una inmigrante alemana en la Europa de los años 30.

Londres es grandioso. Sus cines, sus bares, las universidades, el Támesis, e incluso la niebla. Pero desde un primer momento, Irmina siente la incomprensión de una sociedad, que nunca ve con buenos ojos los inmigrantes que vienen a buscarse la vida a otro país. No consigue integrarse en la sociedad inglesa. Sin embargo, el primer giro a su vida se da cuando conoce a Howard Green, un estudiante de Oxford negro de la colonia británica de Barbados. Ambos iniciarán una relación amorosa, con la dificultad de que Howard, como becado universitario, entiende que su prioridad son los estudios. Juntos conocerán el racismo y la xenofobia dominante en la época.

Irmina

La historia se divide en tres arcos. La primera nos narra la relación entre Howard e Irmina en Londres. Una relación que se va cociendo a fuego lento, entre citas  y paseos por Londres y Oxford. Esta primera parte nos deja algunas escenas y conversaciones muy interesantes. Vemos como Irmina detesta que todo el mundo le hable de Hitler cuando se enteran que es alemana; o que critiquen constantemente a los alemanes como si fuera europeos de segunda clase. Poco a poco, Irmina se va convirtiendo en una perfecta embajadora de Alemania, sin serlo. Y en defensora del espíritu alemán, muy a su pesar. Una pequeña transformación que el lector va percibiendo poco a poco, página a página.

Irmina

En este primer arco vemos numerosas muestras del racismo que dominaba Europa. Así, por ejemplo, Howard, un estudiante de primer nivel, pero que sin embargo tenía un cuarto en la residencia universitaria para él solo, porque nadie quería compartir habitación con un negro.

También en este primer arco nos va dejando algunas pinceladas de la situación política alemana. Así por ejemplo, a través de noticias de prensa vemos como Hitler ordenó el asesinato de Röhm y otros disidentes de las SA, el 30 de junio de 1934 en la llamada Noche de los cuchillos largos. Y por las cartas que recibe Irmina de su familia, sabemos  también que la situación económica de Alemania empeoró notablemente, lo que provocó que no pudieran mandarle más divisas para pagar sus estudios. Finalmente, Irmina decide volverse a Alemania para ganar el dinero suficiente para seguir pagando sus estudios europeos. Su sueño tendrá que esperar.

Bárbara Yelin
Durante el régimen nazi, Heil Hitler se convirtió en el saludo oficial entre los alemanes

El segundo arco de la obra se inicia con Irmina ya de vuelta a Alemania. Un país que ha cambiado notablemente, y que poco o nada se parece a la Alemania que dejó antes de emigrar a Londres. Ahora en Alemania hay trabajo y seguridad; orden y disciplina. Existe un proyecto de Estado en torno a la figura de Hitler. Y muy pronto Irmina encuentra trabajo.

Por otro lado, se respira por todas las páginas de este segundo arco el odio y el rechazo a los judíos, convertidos ahora en responsables de las desgracias alemanas.

En esta segunda parte Irmina conoce a Gregor, su futuro marido. Un oficial de las SS convencido de las ideas de grandeza de los dirigentes alemanes. Poder, claridad, grandeza. Es el nuevo espíritu ario. Sueños de grandeza y de gloria. Una nueva Alemania libre de comunistas y judíos. Y todo gracias a la labor de Hitler. Llama la atención una conversación con su futuro marido sobre la grandeza de la nueva arquitectura alemana, frente a la arquitectura de Gropius, fundador de la Bauhaus y enemigo declarado de los nazis, Gregor proponía una cultura arquitectónica con rémoras nacionales.

Bárbara Yelin

Hacia 1938 se casan, y en 1939 Irmina da a luz a su único hijo. Casi sin darse cuenta, Irmina está viviendo la vida que nunca hubiera querido vivir, y de la que trató de huir cuando tenía diecinueve años. Y casi sin darse cuenta, llega la guerra. De aquella muchacha que buscaba su emancipación apenas queda nada. Irmina se ha convertido en un resorte más de una sociedad adormecida. Con “préstamo matrimonial” incluido. Irmina ya forma parte del sistema. Ya es una mujer más del régimen nazi. Y como tal, ya no tiene repartos en mirar para otro lado ante la injusticia y el crimen.

Bárbara Yelin

El último arco de la obra se ubica en Barbados. La guerra ya ha terminado, los años han pasado, e Irmina, viuda,  trabaja como secretaria en un colegio de primaria, a punto jubilarse. Un buen día recibe un carta Howard Green desde Barbados. Ahora es el Gobernador General de la isla, cofundador de la primera Universidad de Barbados, y un miembro destacado de la comunidad del país. Un final muy digno para una obra de primer nivel. Que no decae en ningún momento, y que incluso se permite el lujo de incluir una pequeña sorpresa final.

Muy recomendable también el prólogo final del profesor de Historia contemporánea de la Universidad de Leicester, Alexander Korb, acerca de la pasividad con la que fue recibido el nacionalsocialismo por parte de la sociedad alemana.

Barbara Yelin es una autora alemana poco conocida en España. Apenas cuatro o cinco obras le avalan, habiendo sido editadas en español dos de ellas: Irmina y Veneno. Esta última fue editada por SinSentido en el año 2011, en donde Barbara se encarga solo del dibujo. En cualquier caso, no deja de ser un agradable descubrimiento, y habrá que estar atento a los posibles trabajos que vayan saliendo de la autora.

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